05 febrero 2026

El final

 Creo que mi suerte es que he comprendido que no se trata de entenderlo todo en la vida, sino de sentir mucho, de no ocultar tu sensibilidad, de disfrutar con cosas sencillas como la lectura, una mañana en mi playa moncofina con su olor a sal, un silencio con mi hija mientras leemos a la par o una pieza de Schubert. Agradezco a las personas que están a mi lado y, sobretodo, a las que se alejaron porque gracias a ellas veo ahora las cosas de otra manera. Cada alma vive sus procesos y no es necesario cargar con una venganza porque todo es aprendizaje. Vivo en gratitud porque acepto que todo tiene un sentido. Cada cosa que ha pasado me está ayudando a entender que lo más valioso no es tenerlo todo, sino sentirme feliz con lo poco que tenga y que, quien no esté en mi onda, ahí tiene la puerta. 

A ti que me lees, no te guardo rencor. Contigo he sido muy feliz, he vivido unos años de colores donde todo era ideal. Para mí serás por siempre mi persona favorita, no importará el tiempo, la distancia, las vidas que llevemos, siempre serás tú. A lo mejor encontrarás mil cuerpos mejores que el mío, pero mi corazón no lo vas a volver a encontrar ni en dos vidas. Nunca dejaré de quererte, pero ya no iré detrás de ti. Si te dejo es porque ya no quiero seguir entre las migajas de tu amor. Gracias por decepcionarme, no sabía como dejar de verte con ojos de amor. Pero no lo olvides, siempre serás tú la persona especial a quien amé sin freno ni control.

Aquí acaba para siempre este humilde blog que he llevado los últimos veinte años de la mano. Aquí dejé mis pensamientos, mis sentimientos y mis dolores. Pero ya no habrá más. Seguiré escribiendo en otros lugares porque no sabría vivir sin hacerlo, pero no aquí. Cierro la Taberna del Irlandés con esta historia tan bonita con la que he volado a tantos lugares, y con ella, siempre con mi rubia.

Siempre agradecido por todo, hasta siempre; a ti y a los que entraron alguna vez en esta Taberna.


 

01 febrero 2026

La decepción

La mayor lección que aprendí en lo poco que llevamos de año es que no importa cuánto te entregues, cuánto te duela o cuánto legal seas con los demás; eso nunca garantizará que serán justos contigo. Muchas veces las personas no se lo piensan dos veces antes de darte la espalda y sacarte de sus prioridades. Eso puede doler, pero también enseña. He descubierto que el silencio puede ser más sabio que todas las palabras del diccionario y que no vale la pena que manifieste mis pensamientos al respecto, para qué. He aprendido que mi paz interior vale más que ganar una discusión porque tengo clarísimo que cuidarme no es egoísmo, sino una necesidad vital. No pude controlar lo que han hecho conmigo ni lo que piensan ahora de mí, pero sí puedo decidir cómo reaccionar. Tal vez la lección más valiosa sea que todo pasa. Pasa el dolor, pasa el disgusto, la decepción, pasa la nostalgia. Lo que permanece es la fuerza que nace de cada caída y la sabiduría que deja cada experiencia. Al final, incluso en los días más difíciles, la vida nunca deja de guiarnos y recordarnos que cada instante, con todo lo que trae, es una oportunidad para agradecerle a Dios y seguir confiando en lo que está por venir.