21 junio 2026

Verla volver


 Verla volver porque volver a verla ya se dio.


Si me preguntas cuántas veces viniste a mi mente, diría que solo una vez, porque llegaste y nunca te fuiste. No es mío, lo escribió Benedetti y leerlo me ha llevado a ti, otra vez, como tantas cosas. Y da igual que sea bajo las luces que nos alumbraron o en nuestro desierto. Un día llegaste y te sentiste tan cómoda que te quedaste; te quedaste en mi mente y fuiste bajando hasta alojarte en mi corazón.

Ya sabes que a mí no me gusta lo fácil, me gusta lo claro, lo directo, sin filtros, lo sincero y real. Yo solo quiero tu felicidad y si yo no te la doy, lo asumiré. Este amor tan grande no ocurre dos veces en la vida y no lo debemos perder; es una pena no abrazarnos, no cuidarnos y no intentarlo.

Para mí eres mucho más que una confirmación, eres aquel embrión que proyectamos juntos y eres la confirmación que he visto en mi ceguera. Nunca pensé que se me acababa el tiempo de esperarte, pero no te veía en nuestras calles. Porque yo no quería mensajes, prefería un encuentro furtivo que pareciera casual, pero que contuviera tanta intención como una flecha de Cupido.

Ningún proceso es lineal, siempre habrá altibajos, pero recuerdo que en una de mis primeras notitas que te dejaba junto al desayuno te decía que el día que tú no puedas yo podré por los dos. Este remedio casero debería ser de aplicación recíproca y te suplico que me alientes cuando cojee. Asumo mi parte, aprendo de ello y demuestro quien soy hoy.

Cuando estoy contigo no es como un figurante. Cuando estoy es porque tomo parte y a mí sí me importa cómo hayas pasado el día o cómo te sientas, porque a mí sí me importa mucho verte feliz y cuidarte.

A veces me hablo a mí mismo de ti, de lo increíble que eres, de lo que me cambia el día un mensaje tuyo. Cada vez que recibo un buenos días o un te quiero me alargas la vida y me haces eterno cuando me dices que quieres que sea yo quien te coja la mano cuando vayas a irte. 

No te equivocaste cuando decías que yo era la persona correcta, pero no vine tan preparado como imaginábamos ; vine dispuesto, abierto a aprender, a crecer, a construir contigo y a hacer algo inaudito a tu lado. Yo solo quiero cambiar algunas cosas, en vez de decir que me avises al llegar a casa que digamos algún día "vamos a casa, cariño", quiero esperarte en casa con tu comida favorita después del pádel y después dormir juntos el resto de nuestra vida. 

Cuando te digan que no podemos viajar juntos, respóndeles que alguien que de verdad te ama va a preferir mil veces mejorar antes que perderte. Por eso fui a Perú y por eso iría a donde hiciera falta para estar a tu lado.

Cariño, contigo no quiero intentarlo, quiero lograrlo. 

Y como dije en mi carta anterior, me gustaría volver a verla y mucho más verla volver.

No hay comentarios: