28 junio 2026
Todo pasa
21 junio 2026
Verla volver
Si me preguntas cuántas veces viniste a mi mente, diría que solo una vez, porque llegaste y nunca te fuiste. No es mío, lo escribió Benedetti y leerlo me ha llevado a ti, otra vez, como tantas cosas. Y da igual que sea bajo las luces que nos alumbraron o en nuestro desierto. Un día llegaste y te sentiste tan cómoda que te quedaste; te quedaste en mi mente y fuiste bajando hasta alojarte en mi corazón.
Ya sabes que a mí no me gusta lo fácil, me gusta lo claro, lo directo, sin filtros, lo sincero y real. Yo solo quiero tu felicidad y si yo no te la doy, lo asumiré. Este amor tan grande no ocurre dos veces en la vida y no lo debemos perder; es una pena no abrazarnos, no cuidarnos y no intentarlo, por eso te pido que volvamos a hacer el mismo equipo, juntos.
Para mí eres mucho más que una realidad, eres aquel embrión que proyectamos juntos y eres la confirmación que he visto en mi ceguera. Nunca pensé que se me acababa el tiempo de esperarte, pero no te veía en nuestras calles. Porque yo no quería mensajes, prefería un encuentro furtivo que pareciera casual, pero que contuviera tanta intención como una flecha de Cupido.
Ningún proceso es lineal, siempre habrá altibajos, pero recuerdo que en una de mis primeras notitas que te dejaba junto al desayuno te decía que el día que tú no puedas yo podré por los dos. Este remedio casero debería ser de aplicación recíproca y te suplico que me alientes cuando cojee. Asumo mi parte, aprendo de ello y demuestro quien soy hoy.
Cuando estoy contigo no es como un figurante. Cuando estoy es porque tomo parte y a mí sí me importa cómo hayas pasado el día o cómo te sientas, porque a mí sí me importa mucho verte feliz y cuidarte.
A veces me hablo a mí mismo de ti, de lo increíble que eres, de lo que me cambia el día un mensaje tuyo. Cada vez que recibo un buenos días o un te quiero me alargas la vida y me haces eterno cuando me dices que quieres que sea yo quien te coja la mano cuando vayas a irte.
No te equivocaste cuando decías que yo era la persona correcta, pero no vine tan preparado como imaginábamos ; vine dispuesto, abierto a aprender, a crecer, a construir contigo y a hacer algo inaudito a tu lado. Yo solo quiero cambiar algunas cosas, en vez de decir que me avises al llegar a casa que digamos algún día "vamos a casa, cariño", quiero esperarte en casa con tu comida favorita después del pádel y después dormir juntos el resto de nuestra vida.
Cuando te digan que no podemos viajar juntos, respóndeles que alguien que de verdad te ama va a preferir mil veces mejorar antes que perderte. Por eso fui a Perú y por eso iría a donde hiciera falta para estar a tu lado.
Cariño, contigo no quiero intentarlo, quiero lograrlo.
Y como dije en mi carta anterior, me gustaría volverte a ver y mucho más verte volver.
14 junio 2026
Si me das a elegir.
La vida sabía que nos necesitábamos y nos juntó en el momento menos esperado, pero el más indicado. Así comenzó la historia de dos personas anónimas para el otro hasta que en ese momento cruzaron sus caminos y se encontraron. Ella me enamoró sin grandes coqueteos, sin esfuerzo. La vi y me gustó, así de simple.
En aquellos primeros días hablamos mucho, todo lo que nos daba nuestra resistencia, y mi corazón se quedó con ella sin darme cuenta. Qué bonito fue enamorarme de ella y descubrir que no tenia ni idea de lo que se sentía al amar y ser amado de verdad. Cada día era para mí un viaje, una expectativa culminada, un bocado de amor dulce.
A veces, en las sociedades de dos, surgen diferencias que en nuestro caso siempre han sido pequeñas, pero uno tiene un pasado y unas yaguitas que pican de nuevo cuando algo se vuelve a mover bajo mis pies y nos colapsamos. Después viene la distancia impuesta y la ausencia de comunicación, un error propio que no soluciona nada. Pero el paso del tiempo trae ese viento que se lleva los malos recuerdos como si fuera arena de playa y te deja los buenos, esos grandes momentos vividos juntos, el recuerdo de aquella química entre nosotros que nos hacía entendernos con solo mirarnos, una complicidad que a veces no se encuentra en dos vidas y que nosotros tenemos.
Me enamoré de alguien a quien no puedo dejar de amar y esto me está matando. Y la veo ahora en todas partes, voy a comer y está en el mismo restaurante, la veo en los escaparates, en las marquesinas de las paradas del autobús, en cada mujer con la que me cruzo al día, está en todas partes, sean guapas, feas, mayores, jóvenes, vulgares o sofisticadas; todas son ella.
El tiempo es el único juez que pone cada cosa en su sitio, es un árbitro que no se puede sobornar y que da tortazos y quita razones. No tengo reproches, sólo nostalgia y mucho amor y me gustaría volver a verla o quizá verla volver. Sí, verla volver sería una gran noticia. Por cierto, ella se llama Mer y si alguien la conoce o la ve por ahí que le diga, por favor, que no hay un solo día que no piense en ella y que es una extraña forma de vivir estar pensando siempre en ella; una extraña forma de morir vivir pensando en ella.
* Solo un motivo magnífico podría reabrir este blog.


