Soy un globo de emociones en un mundo de alfileres.
Cuando las montañas se hundieron y los valles se ensancharon me vi allí, sólo y sin ella. Sin nadie contra quien ni nadie con quien. Sin hambre ni ganas de nada, sin poder respirar, sin siquiera fuerzas para llorar. Me ardía este infierno. Tragaba saliva y creía que era veneno.
Pasaba por su casa vestido de queroseno porque quería arder. Por las mañanas no podía y por las noches no quería ir a la cama. Necesitaba ver cómo pasaba el tiempo, pero no tenía cómo, se me había parado el reloj. Tal vez me hubiera rentado más pensar que no todo es una derrota, a veces es una dirección.
Una tarde lo solté todo en aquella esquina donde la solía abrazar. Estaba en mi coche con mi hiperactiva manera de pensar, los dos solos. Nadie me vio. Abrí mi ventana y entró su luz. Me fui. Me hubiera bebido toda Escocia y medio polo norte, pero no me suelo consolar así y unos segundos antes de dormirme me desperté abrazado a ella y a mis ganas de continuar y me abandoné a aquellos besos que eran dulces a pesar de su violencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario