No creo aquello de que la felicidad dependa de conocer a muchas personas. Creo que depende de encontrar a unas pocas o, a lo sumo a una, con las que puedas bajar la guardia. Una persona ante la que no tengas que parecer más fuerte, más feliz o más perfecto de lo que realmente eres. Personas que conozcan tus grietas y aún así decidan quedarse. Porque al final, la verdadera conexión no nace cuando alguien admira tu mejor versión, sino cuando conoce tus partes más vulnerables y las abraza sin intentar cambiarlas. Y quien decida quedarse lo hará, aunque no tengas otra cosa para cenar que tortilla de perejil y la cocines cinco noches seguidas porque no tengas otra cosa y, porque lo importante no será que cenes, sino que lo hagas con esa persona, con ella.

No hay comentarios:
Publicar un comentario